miércoles, 15 de julio de 2009

Crash!!

L. llamó el domingo a las 9 y media, pensé me quería avisar que había llegado a su casa, yo desvié la llamada, le mandé un mensaje "toy en el cine, te marco al rato".

Era para avisar que tuvo un accidente en la autopista, la defensa de su coche estaba echa añicos, él estaba bien.

El lunes por la mañana le llamé para ver si quería que lo acompañara a dejar el coche al taller, quedamos de vernos en su casa. Limpiamos el auto, le sacamos todo.

Repetía en el camino que debió haber frenado, que tal vez era algo evitable. En Juventino Rosas se detuvo para ver si podíamos atravesar, yo vi el taxi a lo lejos pero no vi al stratus.

Sentí el impacto, no fue tan fuerte, voltee y vi al conductor del stratus blanco enojada, de repente sentí un segundo golpe que nos arrastró como media cuadra.

El tiempo se hace más largo y más corto a la vez, todo el auto tronaba, es como el crujir macabro de una galleta cuando uno tiene los oídos tapados.

No podía escuchar sino el vidrio rechinando y el acero retorciéndose, L. reaccionó, viró el volante para desviar un poco el impacto y que no me tocara todo a mi.

Cuando al fin nos detuvimos no supe si estaba entera, me dolía la espalda, me dolía el cuello y tuve mucho miedo, quería llorar pero L. estaba muy enojado, nos golpeó un taxi pero yo hubiera jurado que era un tren a toda velocidad.

Me aferré a su mano todo el tiempo, me preguntó si estaba bien y luego me abrazó, quise decirle que tuve mucho miedo pero contuve las lágrimillas y salí del carro.

El stratus salió de la nada, posiblemente estaba estacionado y de repente avanzó, no se. El taxi no vio el choque y como iba volado no se pudo impedir el impacto.

No vi mi vida pasar ante mis ojos , ni viví en segundos las buenas escenas de mi infancia, vi el espejo deformarse y cómo la calle se convertía en un holograma.

El asegurador nos explicó que de acuerdo al reglamento de tránsito llevábamos las de perder, la cobertura ampararía los golpes a los dos carros y L. sólo tendrá que pagar dos deducibles para que le reparen su auto (uno por el golpe del domingo y otro por el del lunes).

Llegamos a la casa, nos acostamos en la cama, L. tenía una mancha de grasa del carro en la cara, lo vi y me puse a llorar, no quiero que le pase nada nunca, no quiero volver a chocar.

2 comentarios:

polvo de menta dijo...

esa clase de miedo la conozco.
de verdad se desea que la otra persona sea intocable.

Rafael Erre dijo...

Te quiero. No quiero que les pase nadad feo nunca a los dos.